jueves, 5 de marzo de 2015

MITOS Y PERJUICIOS DE LAS DIETAS


Las dietas engordan.
Eso puede ser tan falso para algunos como cierto para otros. Hoy en día, se puede encontrar un montón de información acerca de diferentes tipos de dietas, pero cómo asegurarse de que determinado método va a ayudarnos?

El factor más importante a la hora de empezar una dieta es disfrutarla. Las dietas forzadas terminan por quebrantar la fuerza de voluntad, lo que a su vez destruye la confianza en uno mismo y causa estrés - y el estrés engorda!

Hay un fenómeno biológico muy curioso relacionado con el estrés. Las personas que padecen de una fuerte presión e insatisfacción personal tienden a sentirse vulnerables y desprotegidos frente al mundo exterior, y esa vulnerabilidad causa una respuesta biológica que consiste en "protegerse" escondiéndose en capas de grasa. Entonces el metabolismo cambia y la persona "estresada" comienza a engordar. 
Según las enseñanzas ayurvédicas, los individuos con "dosha" KAPHA predominante son los más propensos a subir de peso en complicadas situaciones de crisis personal, debido su abundante y constante apetito. Un fuerte descontento con la propia imagen y una dieta forzada suelen culminar en una disfución digestiva; y lo poco que llega al organismo durante este periodo, se convierte en grasa. 

Es importante no olvidar que no todas las dietas funcionan para todas las personas igual. Todo es individual, por ejemplo, las personas con problemas estomacales o gastritis no deben recurrir nunca a las afamadas dietas a base de jengibre, ya que puede empeorar su estado de salud y ocasionar nuevas enfermedades digestivas. 

Las soluciones rápidas están de moda, todos queremos que nos den masticada la información y no tener que esforzarse para pensar. Por que "conocerse" a uno mismo es un arduo trabajo que requiere un gran esfuerzo, concentración y dedicación. Nos hemos vuelto vagos y la excusa de la falta de tiempo viene perfecta para argumentar la propia vagancia, pero muy en el fondo sabemos que es una excusa barata y que todavía nadie se ha orinado encima porque no le dio tiempo de ir al baño. 

No existe una dieta válida de igual manera para dos personas. Por eso, el sistema de salud y belleza ayurvédico ofrece una guía completa para conocer el propio organismo y crear una dieta correcta junto con una alimentación equilibrada.

Las numerosas dietas programadas de a "paso a paso" se venden como las aplicaciones para los móviles - en concepto de soluciones rápidas y avanzadas, pero que en realidad colaboran con la siempre creciente estupidez humana. Un sinfín de inventos tecnológicos para no memorizar nada, no calcular nunca ni retener una mínima información, para alejar a las personas y aislar las poco a poco, aplicaciones infantiles para robar la posible individualidad desde el principio; y las dietas, que siguen el ritmo generalizado y la moda del momento, para separarnos incluso de la consciencia del propio cuerpo. 

Todo es individual, aunque hay una serie de tips y consejos generales, válidos para todo el mundo, como por ejemplo: beber coca-cola es malo para la salud; y el deber de cada uno frente a su cuerpo es conocerlo y mantenerlo sano. 

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sábado, 31 de enero de 2015

LA PSICOLOGÍA DE LA BELLEZA ABSOLUTA



Las mujeres japonesas son conocidas por aplazar la vejez y por conservar un aspecto joven y radiante hasta edades avanzadas. El mundo occidental rumorea sobre los supuestos secretos de juventud eterna que alberga la cultura japonesa, pero no es ningún secreto la pasión de los japoneses por convertir hasta un banal pasatiempo en un bello ritual. Así mismo pasa con los tratamientos de belleza.

La belleza no se mide en "angelinajolies" y no es necesario poseer rasgos perfectos para lucir atractiva y causar impresión. La belleza ante todo es actitud, sentimiento y frescura, que se puede lograr mediante cuidados personales adecuados.

Con el ajetreado ritmo que llevamos hoy, muchos aluden el descuido personal a la falta de tiempo, pero nunca nadie se ha orinado encima por "no tener tiempo de ir al baño", así que la excusa del tiempo es relativa, todo consiste en organizarse bien.
Cuando acudimos a un spa o a un salón de belleza, buscamos no solo unos visibles resultados en nuestro aspecto, sino un atmósfera, un ambiente de confort y relax. El mismo ambiente puede ser recreado fácilmente en casa, con la única diferencia de que las manos que van a untarnos de aceites serán nuestras propias, y desde luego, quién mejor que nosotros mismos sabríamos cuidarnos y mimarnos?

Hay que amar nuestro cuerpo e irradiar amor mientras nos aplicamos una crema o nos peinamos el cabello. Ya nadie duda sobre los poderes de la mente y que ésta es capaz de destruir nuestro cuerpo a la larga o hacernos florecer y conservar nuestra belleza a cualquier edad. Se escriben libros y se graban películas sobre lo que es capaz la mente humana y no hay que negar su influencia sobre nuestro físico por más escépticos que seamos. Al fin y al cabo, es reconfortante pensar que en nuestras manos está nuestro futuro aspecto y no dejarlo al azar de los caprichos del destino.

Si uno se aplica un tratamiento con prisas y quejándose del tiempo que ocupa, el efecto de tal tratamiento apenas logrará mejorar algo, mientras que si el proceso de embellecimiento se realiza con conciencia del amor propio y del bien que aportamos a nuestro cuerpo, el resultado será impresionante.
No hay que olvidarse que para lograr cualquier objetivo hace falta perseverancia y que no existen métodos capaces de convertirnos en íconos de belleza de la noche a la mañana.

Unas velas aromáticas, un baño con aceites y sales, acompañado de un vaso de vino fresco o un rico smoothie de frutas, una agradable música y una tenue luz cálida son capaces de obrar maravillas, caminando a la par con tratamientos de belleza. Mientras exfoliamos nuestra piel, aplicamos mascarillas o envolturas e hidratamos nuestro cabello, tenemos que visualizar el resultado final en todo su esplendor. Tener la imagen de cómo nos gustaría vernos incrustada en la mente y, ante todo, irradiar amor con cada célula de nuestro ser.

Foto Erika Astrid



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